
El tipo estaba harto de vivir y quería que lo desconectaran de la vida. Entonces llamó a la empresa.
-Vida S.R.L., mi nombre es Lorena, ¿en qué lo puedo ayudar? –lo recibió una voz desde el otro lado de la línea.
-Buen día, señorita –dijo el tipo-. Vea, necesito que me desconecten de la vida... Ya no quiero vivir más...
-Bien, señor... ¿Su número de vida es?
El tipo recitó su número, pronunciando bien las sílabas.
-Muy bien, caballero. En unas horas, una cuadrilla lo visitará en su domicilio para efectuar la desconexión...
-Ah, qué suerte, muchas gracias...
-Qué tenga un buen día –dijo la amable telefonista, y cortó.
Pero el tipo esperó en vano la ansiada desconexión de la vida. Las horas pasaron y pasaron, y la cuadrilla nunca llegó.
Fastidiado, el hombre volvió a llamar a la empresa.
-Vida S.R.L., mi nombre es Luciana, ¿en qué lo puedo ayudar? –lo recibió otra amable voz desde el otro lado de la línea.
-Buen día, señorita, mire, yo llamé hoy por la mañana para efectuar la desconexión de la vida. Me dijeron que venía una cuadrilla, pero la cuadrilla no vino...
-¿Su número de vida es?
El tipo deletreó pacientemente su número de vida.
-Así es –dijo la amable telefonista-. Usted hizo el reclamo de desconexión. Por desgracia la cuadrilla está muy ocupada y por eso se demoró en desconectarlo. Pero si espera un tiempito más...
-Es que yo no quiero vivir más, señorita...
-Lo entiendo, tenga paciencia, que ya le efectuaremos la desconexión...
-Bueno –se conformó el tipo-. Esperaré...
-Que tenga un buen día –dijo la amable telefonista, y cortó.
El tipo esperó sentado la desconexión de la vida, pero la desconexión no llegaba. En la terrible espera, el hombre comió algo, vio el partido y se fue a dormir.
Pero al otro día, seguía tan vivo como de costumbre. Harto de esperar en vano, volvió a llamar a la empresa.
-Vida S.R.L., mi nombre es Juan Carlos, ¿en qué lo puedo ayudar? –lo recibió una nueva y amable voz desde el otro lado de la línea.
-Vea, señor, hice ayer el reclamo de desconexión de la vida, me dijeron que la cuadrilla estaba demorada. Esperé, pero sigo vivo... ¿hasta cuándo tengo que esperar...? –se exasperó el hombre.
-Lo entiendo, calmesé, amigo, a veces la desconexión tarda un poco...
-¡Pero ya hice dos reclamos...!
-¿Su número de vida es?
Totalmente molesto, el tipo declamó a viva voz su número de vida.
-Ah, caramba –exclamó el amable telefonista-, me temo que tenemos un problema...
-¿Cómo?
-Sucede que tuvimos un desperfecto en un transformador que está en su zona, de modo que por el momento no lo podemos desconectar de la vida...
-Pe-pe-pero –balbuceó el tipo-, ¡yo me quiero morir!
-Figuresé que si lo desconectamos a usted, deberemos desconectar a cientos de personas que no lo desean... y eso no es posible...
-No lo puedo creer…
-Lamentablemente, usted deberá seguir viviendo, por el momento...
-No lo puedo creer... –repitió el tipo como un zombi.
-Que tenga un buen día –dijo el amable telefonista, y cortó.
El tipo colgó el teléfono aterrado.